Otoño

Visualiza un paisaje de grandes árboles de hoja caduca. Quizás hayas estado ahí, quizás lo estés creando, eso no importa.

Respira el aire fresco, siente tus pisadas sobre las doradas hojas caídas y mira hacia arriba. Hojas caen para dejar pasar la cálida luz.

Los árboles están dejando caer sus hojas porque ya han cumplido su cometido, ya han dado sus frutos, ya nos han cobijado en su sombra. Su “raison d’être” ya no es.

Y, nosotros, los seres humanos, debemos aprender de la sabia naturaleza dejando caer también nuestras propias hojas. Aquellas que ya no nos sirven, que ya han caducado, que ya están muertas. Pues han sido parte de nosotros por mucho o poco tiempo, pero ya no crecerán más.

Dejemos caer nuestras hojas, deja caer tus hojas… que en el suelo estén, esperando a ser arrastradas por el viento.

Nos sentimos, así, menos pesados, más libres, preparándonos para recibir los rayos de sol en el frío invierno.

Otoño, la estación de la introspección y el abandono, con el fin de poder en el invierno hacernos más fuertes y florecer, de nuevo, en primavera.

Me gusta el otoño.

Sanlppms.

Inspirada por la clase de yoga de ayer tarde.

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La segunda oportunidad

Leo no comprendía, no sabía la razón. Tal vez, pensaba, era por su carácter pasional e impulsivo o, quizá, tan sólo era una cuestión de tiempo y de lugar. Con Anabel pasaba momentos cálidos y agradables, sin embargo, algo le decía que no era ése su camino. No la veía capaz de luchar por su amor, lo abandonaría todo al destino. Cuando la conoció hubo magia, mas al poco tiempo comenzó a fijarse en esos pequeños detalles que hacían que no fuera para él, su alma gemela. Aún así no quería dar por terminada la relación, huía del sentimiento de cobardía, deseaba intentarlo, que la renuncia no fuera una opción, prefería perder a no jugar.

Mientras Anabel no tenía prisa, vivía relajada e intentaba centrarse en el presente, con sus preocupaciones e inseguridades. No deseaba forzar el momento, a pesar de que Leo siempre le ofrecía pequeños amaneceres, ella los rechazaba. Tampoco comprendía, no sabía el motivo, mas con su ritmo pausado prefería pasar tiempo con amigos antes que profundizar con Leo. Parecía tenerlo todo y sus amigos apoyaban abiertamente la relación, pero sólo ella había conversado más con él, sólo ella tenía sus ojos. Y su visión era de un niño con muchas ganas de vivir, que lo quería catar todo, que se cuestionaba todo y Anabel no se veía con fuerzas suficientes para seguirle el ritmo. De un cierto modo le daba pereza y sabía, en el fondo, que esa pereza no podía augurar algo bueno.

Leo y Anabel querían encontrar a alguien, esa persona capaz de darles una segunda oportunidad, con el deseo de conocerlos, con la habilidad de aclarar sus propias ideas y mostrarles nuevos colores y nuevas notas musicales antes no percibidas. Esa persona capaz de inspirarles y hacerles levitar.

Cada uno por separado, sin conocer el porqué, eran conscientes que no tenían enfrente de aquella bonita mesa a esa persona tan especial. Aquella oportunidad capaz de darles una segunda.

Sanlppms.