Veintialgo

Después de la adolescencia.

Se despertó antes de que sonara el despertador. Había dormido relajada, tuvo un bonito sueño y sus ojos se habían abierto suavemente. Con una sonrisa, puso la música de ese cuarteto de Liverpool y se metió a la ducha.

Me abro al amor, me abro al dolor, porque quiero y deseo Vivir, experimentar, sentir. Quiero reír y quiero llorar, quiero dar saltos de alegría y quiero dar patadas de rabia. Quiero gritar de excitación y quiero gritar de enfado. Deseo vivir todo lo que se me cruce en el camino, deseo aprovechar cada oportunidad, deseo decir sí. Quiero lanzarme de lleno a todo ese conjunto de sentimientos y sensaciones que llaman Vida. Quiero ayudar y quiero dejarme ayudar. Quiero correr y quiero pasear. Contemplar y crear.

Deseo que mi vida se multiplique y se divida y se vuelva a multiplicar, deseo cazar y ser cazada. Deseo respirar por algo aunque lleguen los momentos también de respirar por respirar. Todo es necesario, todo es mi camino. Sigue leyendo

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Adolescencia

A penas eran lo suficientemente maduros para saber lo que deseaban y sólo sabían que cuando se encontraban su corazón latía más rápido. Había miedo por no poder controlarse a sí misma cuando el otro aparecía alrededor. Este miedo era escondido y disfrazado por orgullo. Un orgullo que intentan justificar pero, todos sabemos que es inútil. Cuando alguien te descontrola significa mucho más, cuando alguien te descontrola el cuerpo habla y la mente se nubla ante tal poder. Esto asusta a los amantes y necesitan tiempo para averiguar porqué ocurre. Ambos han oído que cuando el corazón se te acelera y el estómago se hace un nudo, se trata de amor pero, ¿cómo es posible? Si a penas se conocen; si no llegan a tener una conversación fluida y cómoda ¿será que algo falla? O, ¿será que no son capaces de controlar tal emoción?

Decidió huir, intentar no pensar, Sigue leyendo