Esencialmente lúdico

El camino del artista de Julia Cameron es un libro que, con total seguridad, citaré más de una vez. Su lectura, hace ya un año, me abrió de nuevo ese sendero hacia mí misma, hacia mi imaginación, hacia mis sueños.

Me recordó aquel tiempo en el que no tenía compromisos, ni responsabilidades mayores, en el que iba a teatro, a voluntariado, a voleibol… y escribía como terapia para conocerme, y conocer mi entorno. Aquel tiempo en el que no conocía el orgullo o el llanto desde las entrañas, en el que estaba volcada con el momento y el optimismo me iluminaba.

Toda una joya para quien desee recuperar su creatividad más pura, para quien aspire descubrir que siempre tuvo y tiene imaginación, para quien anhele definir sus miedo e inseguridades y alcanzar sus objetivos.

Y para todos aquellos que nos exigimos debemos recordar una cita de la semana 12:

“La creatividad debe liberarse de los estrechos parámetros del Arte con mayúscula y es necesario reconocer su carácter esencialmente lúdico”.

O como ya se decía en la Antigüedad: ars gratia artis.

Sanlppms.

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Báilame el agua.

Es una película española que vi hace algún tiempo, de vez en cuando la recuerdo, no por su trama, ni por su desenlace sino por sus palabras, su ritmo y su banda sonora. Buscando información sobre ella, leí que se trataba de una novela de Daniel Valdés, en la cual además del poema que daba nombre a la peli, se encontraba el siguiente:

Sí, sé lo que quiero, 

Prefiero morir vicioso y feliz a vivir limpio y aburrido. 

Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. 

Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. 

Prefiero besar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. 

Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. 

Prefiero sentir. 

Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada.

Prefiero una cadena a un bozal. 

Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. 

Prefiero un gato a un perro. Porque el gato te araña, es infiel, te ignora, se escapa, pero sabes que, a pesar de todo, no podría vivir sin ti. En cambio, el perro es tonto, no sabe nada, te obedece hasta el absurdo. 

Prefiero las mujeres gato a las mujeres perro, por las mismas razones. 

Prefiero el mar a la montaña. La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. 

Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy mortal. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. 

Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. 

Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. 

Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.” Daniel Valdés.

Sanlppms.

A infelicidade com a felicidade

Fue recorriendo Lisboa donde supe de este poeta, al llegar al café A Brasileira, en el Chiado, y el guía nos hablara de él. Lisboa, una ciudad bonita, con una luz especial, con una comida con sabor del Atlántico, una ginjinha con gracia y unas personas con una gran sonrisa en sus rostros. 

Se eu pudesse trincar a terra toda
E sentir-lhe um paladar,
E se a terra fosse uma cousa para trincar
Seria mais feliz um momento…
Mas eu nem sempre quero ser feliz.
É preciso ser de vez em quando infeliz
Para se poder ser natural…
Nem tudo é dias de sol,
E a chuva, quando falta muito, pede-se,
Por isso tomo a infelicidade com a felicidade
Naturalmente, como quem não estranha
Que haja montanhas e planícies
E que haja rochedos e erva…

O que é preciso é ser-se natural e calmo
Na felicidade ou na infelicidade,
Sentir como quem olha,
pensar como quem anda,
E quando se vai morrer, lembrar-se de que o dia morre,
E que o poente é belo e é bela a noite que fica…
Assim é e assim seja…

Fernando Pessoa

Sanlppms.

Abdicar de los procesos razonadores

Es Antonio Gala uno de los escritores que más me inspiran, su ritmo pausado pero, apasionado, su rico vocabulario y sus propias historias siempre englobadas en teorías sobre la vida misma.

Os dejo aquí un fragmento de su novela La Regla De Tres.

“¿Cómo aspira a saber el amante la verdad sobre aquel al que ama? Duele reconocerlo, pero la inteligencia no cuenta mucho en el amor. Es nuestro camino habitual para aprehender la verdad; pero quizás tampoco la verdad sea un concepto esencial para el amor. En él cuentan más los instintos humanizados, las intuiciones, los presentimientos y un poco quizá los sentimientos, aunque no demasiado y siempre como en tromba. Lo único razonable en el amor es abdicar de los procesos razonadores y abandonarse a otras potencias más oscuras o menos controlables. La inteligencia no nos sirve para calibrar todo aquello- desánimos, enfriamientos, distracciones- que, pasado el tiempo, al recordarlo, nos obliga a decirnos: “Ah, si estaba tan claro…” Todo aquello que cualquiera hubiese visto venir menos nosotros.” Antonio Gala.

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La huella mágica

Fue mi amiga Dianel, la que hace poco me habló de Milan Kundera. Con su concepto de huella mágica me hizo sonreír, y aprehender el sentimiento que ahora llevo conmigo. Explicaría algo más, pero qué mejor que exponer el propio fragmento de su libro La insoportable levedad del ser”:

Regresó a su piso, hasta donde llegaba el sonido de las campanas de la Iglesia de Saint-Pierre. Aquel mismo día le habían traído la mesa de la tienda. Olvidó a Marie-Claude y a sus amigas. Y por un momento olvidó también a Sabina. Se sentó a la mesa. Estaba contento de haberla elegido él mismo. Había vivido veinte años rodeado de muebles que no había elegido él. De todo se encargaba Marie-Claude. En realidad es la primera vez que dejaba de ser un muchacho y se independizaba. Al día siguiente había quedado con el carpintero para que le hiciese una librería. Llevaba ya varias semanas entretenido dibujando su forma, tamaño y ubicación.

Entonces se percató con sorpresa de que no era desdichado. La presencia física de Sabina era mucho menos importante de lo que había supuesto. Lo importante era la huella dorada, la huella mágica que había dejado en su vida y que nadie podría quitarle. Antes de desaparecer de su vista tuvo tiempo de poner en sus manos la escoba de Hércules, con la cual barrió de su vida todo lo que no quería. Aquella inesperada felicidad, aquella comodidad, aquel placer que le producían la libertad y la nueva vida, ése era el regalo que le había dejado.

Por lo demás, siempre prefería lo irreal a lo real. Del mismo modo en que se sentía mejor en las manifestaciones (que como ya he dicho son sólo teatro y sueño) que en la cátedra desde la que les daba clase a sus alumnos, era más feliz con la Sabina que se había convertido en una diosa inivisible que con la Sabina con la que recorría el mundo y por cuyo amor temía constantemente. Le había dado la inesperada libertad del hombre que vive solo, le había regalado la luz de la seducción. Se había vuelto atractivo para las mujeres; una de sus alumnas se enamoró de él.

Y así, en un período de tiempo increíblemente breve, se transformó por completo el escenario de su vida. Hasta hacía poco tiempo vivía en una gran casa burguesa con criada, hija y esposa, y ahora reside en un piso pequeño del casco antiguo y su joven amante se queda a dormir en su casa casi todos los días. No necesita recorrer con ella los hoteles de todo el mundo y puede hacer el amor con ella en su propio piso, en su propia cama, en presencia de sus libros y de su cenicero que está encima de la mesa de noche.

¡La chica no era ni guapa ni fea, pero era tanto más joven que él! Y admiraba a Franz igaul que hasta hacía poco tiempo admiraba Franz a Sabina. Aquello no era desagradable. Y si acaso podía interpretar el haber cambiado a Sabina por una estudiante con gafas como una pequeña degradación, su bondad era suficiente como para que la nueva amante hubiera sido bien recibida, para que sintiera por ella un amor paternal que antes nunca había podido satisfacer debido a que Marie-Anne no se comportaba como una hija, sino como una segunda Marie-Claude.

Un día visitó a su esposa y le dijo que le gustaría volver a casarse.

Marie-Claude hizo un gesto negativo con la cabeza.

-¡Pero si el divorcio no va cambiar nada! ¡No pierdes nada! ¡Te dejo todas las propiedades!

– No se trata de las propiedades -dijo.

-Entonces, ¿de qué se trata?

-Del amor -sonrió.

-¿Del amor? – se extrañó.

– El amor es un combate -Sonreía Marie-Claude-. Combatiré todo lo que sea necesario. Hasta el final.

– ¿Que el amor es un combate? No tengo el menor deseo de combatir -dijo Franz y se marchó.

Fragmento de “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera.

Sanlppms.