Ilusión

Mi nueva nota en el móvil. Ilusiónate y muéstralo. Koo-koo-ka-choo. Que dicen que se ha puesto de moda el amor otra vez. I’m blue da bu dee da bu die. Popurrí, popurrí.

Y, ¿qué somos si no la mostramos? ¿Juan Palomo? Yo me lo guiso, yo me lo como. Basta ya. No hay que avergonzarse de los sentimientos honestos, aunque se de la vulnerabilidad. Hemos venido a jugar, a correr el riesgo y/u otra cosa. Adelante. Juan Palomo siempre pierde. Tú no.

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Una reflexión, una estrategia.

Este fin de semana lo he pasado con mi amiga Natalia en Viena. Encontramos palacios que rememoran su época imperial con los Hasburgo; cultura hecha arte con Gustav Klimt (aquella femme fatale nos impresionó más que el propio beso) y hecha música con esa ópera lustrosa donde cada día podemos maravillarnos con un espectáculo, un ballet, unas piezas de Mozart… con sueños a granel; cafés y chocolates para los intelectuales y gente de placer.

En los vuelo he estado leyendo “Cómo la vida imita al ajedrez” de Garry Kasparov y junto con las conversaciones con mi compañera de viaje, me he dado cuenta que es necesario tener un plan. Todas las personas a las que admiro se organizan con objetivos, a largo y corto plazo, pero con fecha de entrega o edad máxima para conseguir una meta, alcanzar un sueño.

Creo recordar que yo también me organizaba así, pero tras la pérdida de un ser querido, casi siete años ya, reinterpreté la vida. Sentí que esto se puede acabar en un instante y que tenía que dejarme llevar por las sensaciones de cada momento. Sin prisa, pero sin pausa; sin un camino diseñado, pero paso a paso como Machado.

Ahora siento, más que saber de haber leído o escuchado, esa popular reflexión de que la vida es una rueda y si te dejas llevar por ella te dirigirá hacia donde ella quiera. Puede ser que allí te acomodes y no busques más explicaciones o puede ser que sientas que no eres la dueña de tu destino*. Sigue leyendo

El procés

Esta noche estudiando la Ley 40/2015 me vinieron todas estas palabras.

Estamos jugando a un juego, dígase el parchís, sobre el cual hemos pactado, o pactaron, las reglas de juego.

Un jugador, mejor, varios jugadores, consideran que las reglas han de cambiar. Y oye, resulta que en las propias reglas del juego están las herramientas y el procedimiento a seguir para cambiarlas. Ahora bien, estos jugadores en vez de intentar aplicarlas a una, pues ya llevan tiempo quejándose, deciden cortar su cachito de tablero y empezar un juego nuevo ellos solos. ¿Por qué? Quizá sea porque piensan que siguiendo las reglas igual no conseguirían los cambios que quieren, o tal vez porque las consideran injustas de por sí… o porque las quieren cambiar y punto.

El caso es que esto desecha: la seguridad jurídica, básica para establecer un orden; el servicio con objetividad de los intereses generales, recalco Generales; la participación, la confianza y la lealtad de y para el pueblo; la claridad de lo que se puede o no se puede hacer… Sigue leyendo

The fear is his Trump card.

Donald Trump, ese dirigente político, actúa como gerente de una empresa. Contrata, despide, firma y deroga. El Estado del que es cabeza lo ve en números, intereses, inversiones, ganancias y pérdidas.

Se olvida. Olvida que un Estado está compuesto por ciudadanos, igual que olvidó que una empresa se compone de trabajadores, y dentro de estas dos palabras está integrado el ser humano. Personas con derechos, deberes, inquietudes, sueños, dudas y miedo. Es el miedo su producto favorito. Lo vende, lo justifica, lo hace necesario y lo comercia. Sigue leyendo

Detuve el silencio.

Por fin, el mejor momento del día. Voy a escuchar el silencio y ya me quedaré durmiendo.

La opinión es ego. Sandra, no, no interrumpas el silencio, intenta no pensar.

Sí, eso es.

El silencio.

Es que…

Años atrás siempre quería tener una opinión, pues lo veía como parte de la construcción de mi personalidad y quería ser una persona con “criterio propio”.

Respira, Sandra, respira.

Espera. Sigue leyendo

Agendas, palabras y arte.

Ayer estuve revisando viejos apuntes y me encontré con agendas de cursos pasados. Especialmente la del 2006/2007 me sorprendió. Tenía en aquella época la costumbre de anotar la mejor frase del día, además de pegar las entradas del cine, servilletas de bares e incluso etiquetas de bebidas.

Nueve años después, me siento agradecida por la persona que fui, aquella que dedicaba parte de su tiempo a organizar los recuerdos y cuidar el más mínimo detalle, con el fin de que en un día como el de ayer me encontrara la agenda y reviviera lo vivido, y hasta aprendiera de mi pasado.

Son muchas las palabras ahí escritas, sin embargo, las que escribo a continuación no pertenecen a mí, sino a una amistad corta, pero intensa y profunda. Sigue leyendo